¿A quién se le podría ocurrir
decir como si tal cosa que tú,
mi querido Abuelo, fueses viejo?
Son muchos los años vividos
y con vicisitudes innumerables,
épocas de bonanza y de hambre,
días de guerra y días de paz.
Sería a algún inconsciente,
o a algún loco de atar,
quizás tan sólo alguien,
inocente erró las palabras,
o incluso pudo haber equivocado,
por un solo instante, el pensamiento,
pues viejo es el mundo y el tiempo.
Sí, viejos son el Sol y la Luna,
también los amaneceres los son,
como el mar y el viento,
como los arrecifes de coral
y la sombra de los almendros.
Viejos son los cultivos
y las historias de guerreros.
Son viejos los juegos de azar,
las cantigas, las meigas y los trasgos.
Es viejo el castillo y el caserío,
el baúl y los vestidos de la fiesta,
pero tú no lo eres ni lo serás,
pues tu alma siempre tierna y joven
hará que tu juventud sea eterna
Montserrat López Batán